Minificciones de Luis Mendoza

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Para América Brillit, mis ojos mar de fondo, mar de fuego

 

ESCARNIO PARA DOS

A Ari J. González

Había una vez un poeta que soñó que era un poeta que soñaba que escribía un poema sobre una pareja sacrificada frente a una casa. Al despertar, su esposa apareció flotando en el mar.

 

Y SIN EMBARGO

A Alfonso Pérez Vicente

Decidió escribir una novela; pero sus ideas eran puro cuento.

 

PARÁBOLA DEL FRACASO

Había pasado más de veinte años estudiando sobre átomos, leyes y teorías físicas; pero, por más que trataba, no podía retener la información. Una mañana, cuando despertó, apareció un libro sobre la almohada. Era el mismo que había leído hacía unos días. Y él, desolado, descubrió que tenía un pequeño agujero en la cabeza por donde se le colaba el conocimiento.

 

SÍMIL

La mosca es un médico con alas que tiene el estetoscopio en la punta de los labios.

 

CUARTO PARA DOS

Alfonso estaba acostumbrado a las caricias de su esposa. Sentía que las cosquillas trepaban por la pelvis hasta llegar a la columna vertebral. Los dedos de la mujer eran como un tábano azul que, con sus alas imbricadas, tejían hilos de amor en cada rincón del cuerpo. Cuando despertó, se dio cuenta que tenía tiempo viviendo en el cuarto de las tarántulas.

 

DESCUIDO EN LA CALLE

Ricardo vio una mujer hermosa. Tenía el cabello castaño. El contoneo de las caderas significaba ir y venir entre el viento. Las nalgas se movían en un tic tac, como un reloj dando la hora. La alcanzó. Se le acercó y le preguntó, sin mirarla a los ojos, cómo se llamaba. La mujer, con voz suave, le dijo: soy tu madre.

 

LECCIONES DE MÚSICA

Cada vez que tocaba la guitarra sentía en los dedos un calambre, una especie de vibración que le llegaba hasta alterarle el lóbulo izquierdo. El arpegio que producía la mano derecha era un lenguaje íntimo que entablaba en el silencio de su habitación. La izquierda, por su parte, construía acordes disonantes: do con séptima mayor, la menor siete, re menor siete y jugaba con el acorde de sol trece con quinta aumentada. Al ritmo del bossa se dejaba tocar por las melodías que nacían de las cuerdas. Hasta que una mañana el dolor que sentía en los dedos se hizo insoportable. Trató de hacer su rutina matinal: lavarse los dientes, bañarse y cambiarse para irse a la universidad. No pudo. El dolor en la mano derecha era mucho más fuerte: era como si una enorme tarántula le asestara su veneno en cada arteria. Así que tuvieron que llevárselo al hospital. Le dijeron que tenían que cortarle el brazo debido a una extraña infección que tenía en los dedos. Por su puesto, el joven se opuso. Pero los médicos le aclararon que si no hacían eso su cuerpo terminaría infectado por el virus. No hubo otra opción. Estuvo en el hospital durante una semana, hasta que regresó a casa. Y lo hizo con la mirada perdida. Ya no podía tocar la guitarra como una vez lo hizo. Cuando entró a su habitación para ver su guitarra, un chorro de sangré salía del estuche, y se dio cuenta que la guitarra no tenía diapasón.

 

ESPEJO PARALELO

Me dijeron que aquel cuerpo flotando era el mío. Parecía un pájaro con el vientre rojizo, con las alas destrozadas. Sí, mi cuerpo estaba en medio de aquellos colmillos. La carne triturada estaba molida entre los dientes de aquella fiera. No he podido dormir. Será porque ese cuerpo que ahora miro es el mío. No soporto que alguien me mire mientras duermo.

 

EL NIÑO DE LOS ZAPATOS DE ARENA

Me gané un viaje por el mejor promedio de mi generación a la ciudad de Acapulco y por primera vez conocí el mar. No fue lo que yo esperaba porque la mañana en que llegué una balacera dejó como saldo una niña muerta, un chofer de un taxi y una mujer de unos cuarenta años. Cuando crucé la acera en lugar de pisar la arena de la playa una masa gelatinosa se batió en la suela de mis zapatos. Era sangre fresca, como aquellas gotas de luz que sangraba el sol detrás del cerro. Quise borrar aquella mancha de sangre pero fue imposible. No quería llevar en la suela de mis zapatos la huella de una muerte que no me pertenecía. Cada paso que daba sentía que pisaba el cuerpo de aquella niña. Sentía crujir sus huesos como el esqueleto de una hoja de otoño que cae al precipicio. Así que, cuando me alojé en el hotel, metí mis zapatos a una bolsa de plástico, enrollada en una toalla, y bajé. Me subí en el elevador. En lugar de sentirme bien una brisa de malestar me hizo preocuparme porque ya no eran sólo mis zapatos los que llevaba sino el cuerpecito de esa niña. Bajé del elevador y fui a la playa. Yo crecí en un hogar pobre. La comida no alcanzaba para saciar la boca de seis personas. Durante muchos años soporté la oscuridad del hambre. No me divertí como quise. Con mucho cuidado cavé un hoyo en la arena para meter mi único par de zapatos. El cuerpecito de la niña tenía que ser sepultado. Hice una cruz con mi dedo y dibujé una mariposa. Sí, me quedé sin zapatos. Sentado al lado de la tumba de la niña miré el horizonte y cómo las aves pasaban volando sobre mi cabeza. El mar es inmenso e infinito. Ese día lo comprendí. El universo también y las estrellas y la arena. Pensé que nunca me ganaría un viaje al universo; porque, de ser así, me hubiese gustado fabricar un par de zapatos con las estrellas y jamás preocuparme en comprar unos nuevos.

Luis Ricardo Palma de Jesús (1990) nació en Acapulco, y es licenciado en Literatura Hispanoamericana. Ha tomado talleres de cuento con Patricia Laurent Kullick y Alfonso Orejel. Ha sido corrector de estilo de la Revista de Humanidades de Rojo Siena Editorial. Ha publicado cuentos en las revistas Revolución, Revista Asalto, Cuestionarte y Círculo de Poesía. Obtuvo el Premio Estatal al Tercer Lugar en el evento académico realizado por CONACYT y ganador el XVIII Premio Estatal de Cuento María Luisa Ocampo 2016, con el libro El sueño que no era. Ha realizado estancias de investigación en Puebla, Zacatecas y Guanajuato y ha participado en tres ocasiones en el Encuentro Nacional de jóvenes escritores: Acapulco Barco de Libros; además del Encuentro Nacional de Estudiantes de Literatura en Colima. Becario del Festival Cultural Interfaz, y del Programa de Estímulos a la Creación y Desarrollo Artístico de Guerrero 2015, en el área de Letras. Actualmente estudia la Maestría en Humanidades.

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