Del libro de mis amigos

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Para Angy, Chong, Paco, Tei, Isabel e Iván

 Sueño cumplido

Hoy vine al funeral de un amigo muy querido que hace seis meses vino a pedirme consejo. Después de escucharlo, le dije:

Sí, si quieres hacerlo tienes que irte, en este terruño nadie logra nada importante.

Lo dije en serio porque lo sigo creyendo. Aquí lo único importante que alguien logra es morirse.

Y ahora que miro el desencajado rostro de mi amigo (que sigue idéntico al de hace seis meses), el cuerpo totalmente tieso y su bien estructurada mueca de muerto, me doy cuenta que logró lo que tanto quería. Quería reunir un puño de gente (los vecinos del pueblo vienen a persignarse como a un espectáculo culto, extranjero y famosísimo) y hacerlos creer, sentir, emocionarlos hasta la compasión con sus interpretaciones, con esas grandes actuaciones con las que soñaba algún día hacer llorar a un buen público. Quería actuar y ser reconocido, nada más.

Por un lado me siento orgulloso (porque aquí todos hablan de él), pero por otro lado me siento un poco dolido porque este papel de muerto será lo único bueno que mi amigo logre en su vida y mañana que haya otro muerto (otro espectáculo, como siempre) esta gente y yo nos olvidaremos de él.

 

Nota encontrada a orillas de la laguna de Zempoala

Un amigo se enamoró de la lluvia. A otro le cayó un rayo cuando apuró el movimiento de ofrecer su paraguas a una cadera buenísima y una sonrisa hermosísima que lo ignoraron por completo. La semana pasada otro amigo lloró en mis brazos porque su mujer lo abandonó: “es que no soportó que llorara mucho por todo y por nada”; al llegar a su casa este amigo se metió un balazo en la sien. El amigo que se enamoró de la lluvia al día de hoy también está muerto. Le fue muy fiel a su amiga la hipotermia. Tendría que anotar aquí también que a mí no me gustaba bañarme, que de niño no brinqué ningún charco ni pesqué peces ni resfriados, que miraba la lluvia detrás de la ventana, que me lavaba con horror y a regañadientes las manos, que no bebía agua sino era de sabor, que no usé paraguas nunca, que no era pícaro ni amable con las mujeres hermosas, que me abandonó mi novia por otro cretino menos triste que yo, que odio este lago donde el día de hoy decidí escribir esta nota para anunciar mi suicidio. Adiós, soledad.

 

Por fin juntos

Mientras observo la portada de este libro, recuerdo a dos amigos que en la universidad se amaban mucho. Pero de verdad mucho. Ella le escribía cartas (porque le gustaba escribir) y él le componía canciones (porque nunca soltaba su guitarra). Yo envidiaba el amor que se tenían porque de todas las mujeres que he querido, yo creo que a ninguna la he querido tanto como ellos se querían (aunque se enoje mi mujer). Y por más que duela aceptarlo, es la verdad. Yo veía cómo, año tras año de la carrera, se amaban mucho. Y cómo se amaron mucho más cuando nos graduamos y cada quien tomó su camino en el silencio de siempre, siempre muy lejos uno del otro.

Ahora levanto este libro escrito por ella, dedicado a él, mientras invade la librería una canción muy parecida a las que él componía para ella.

 

La carta

Un amigo recibió al inbox la siguiente carta de su ex novia:

“Ya sé por qué no quisiste embarazarme, desgraciado, no quieres ser feliz conmigo. Allá tú, ojalá repruebes el año.

Pd 1. Olvídate del peluche gigante que me regalaste, ya lo quemé.

Pd 2. Regrésame el brasier que olvidé en tu casa, cabrón.

Pd 3. Ni respondas, ya te bloqueé por pendejo.

Pd 4. Salúdame a tu mami, ella sí es buena gente”.

Cuando terminó de leerla, me miró consternado y me dijo: pus ni pedo, güey. Terminó de planchar su camisa de la secundaria número cuatro como quien ya dejó de creer en el amor. Pus ni pedo sí, le dije.

 

 

Eduardo Oyervides (Cuernavaca, Morelos 1993). Estudiante de Letras hispánicas de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Ha publicado la plaquette de cuentos A deshora (2014), ganadora de la convocatoria Artefactos para jóvenes creadores del estado de Morelos, de Ediciones Simiente. Fue becario por parte de la Fundación para las Letras Mexicanas y la Universidad Veracruzana en el curso de Creación Literaria Xalapa 2015. Al siguiente año crea el taller literario Guateque de letras. Cree fervientemente que qué bonito es el amor cuando no es de uno, lleva más cervezas que cuartillas escritas y Eduardo no se perdona, bajo ningún pretexto, no saber volar.

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