Tres textos de Ariel López

Un comentario

 

Maleta humana:

Que te arrastren y atiborren el pecho

con pesadas caricias.

Olvida el pálido rostro del sueño

que se debora a si mismo,

infinitos huecos carcomidos de la imagen,

el puente filoso de las palabras,

las dudas que golpean el tambor

de cuero anciano.

Que te sostenga el calor

tranceunte dormido,

arrastrado por el polvo de las calles,

reino de arenas movedisas.

El reloj tiene dos caras.

Un vacío que se traga la quietud

es el motor que mueve los segundos.

Mas allá del palacio de martirio

donde asinadas las almas

se aplastan unas a otras,

hay quienes se deslisan,

quienes surfean y toman

crestas por coronas.

El tobogan en sus brazos,

juego secreto de perros y niños,

baile que incendia la hermosura

de jovenes y patinetas.

Recorriendo el pasaje de sus besos,

lágrimas amorosas de madres concientes.

Los cuerpos se arrojan libres

y alumbra incertidumbre

en las pupilas que me leen,

rotando el vacío motor

de su destino.

 

 

Prisa:

Alargas un pie delante del otro.

Justo antes de tocar suelo,

se clavan nuestros ojos en

aquel necio nudo caliente

donde nos aprietan

la pereza de los sentidos.

Estiras la mirada resortera

disparando memoria al abismso.

Escuchamos una tuerca desplomarse.

Raudos como los tigres voraces

nos abalanzamos entre palabras

desde un apartado rincón del recuerdo,

asediando el siguiente paso.

 

 

Alguien brinda a la distancia

Repentinamente, me descubro solo en una mesa,

aislando salones para las miradas indiferentes.

Doy un trago a mi cerveza y adivino

el trazo de la esquina, esperando ver algo.

Una silla bronceada sostiene en su palma

una pila de partes descompuestas,

chamuscadas por el fermentado

ejercicio de la construcción.

Trato en vano de leer sus gestos,

como buscando pensamientos

en la geografía de una montaña.

Esa carne cocida, puesta sobre la barra

como desperdicios de botana revuelta.

Termino el primer vaso y sus

pulmones se acomodan a un ritmo,

comprendo su forma de recipiente.

La espalda arroja su cuerpo suavemente,

revelandome la arquitectura natural

de un hombre manipulando penas.

Las desplaza de un punto a otro,

cinco series de ocho movimientos.

Al terminar el segundo vaso,

se define la silueta de unos músculos

articulando con maestría su pesada sonrisa.

A través del vidrio de la caguama

ahora transparente, brindamos.

Nombre completo: Ariel Andreas López Peláez

Nacionalidad: Guatemalteca

Edad: 24 años

Sexo: Soy vato

Soy estudiante de Biología en la UADY, vivo en Mérida desde hace 10 años aproximadamente. Escribo desde que me uní al taller Drenaje: Catarsis Literaria, por ahí del 2013 con Adan Echeverría y Jorge Manzanilla como talleristas. Adán junto a Mario Pineda, sacan una antología llamada Karst: Escritores de la Peninsula Yucateca en 2016. En esa publicación aparecen algunos poemas escritos durante el taller. Por otro lado en el 2013 fundamos junto a Violeta Azcona y Fernando Vázquez, un taller de escritura llamado Espías de la Interzona.

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