Roberto Sáez Ojeda

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SERIE ANIMAL  

 

Aún después de muertos

los perros le ladran a los autos;

corren arrastrando sus sombras,

como eso,

sólo un soplo entre los labios. 

 

Son como niños que juegan

a buscar tijeretas;

les preocupa no morir,

no arrancarle un ojo a la basura. 

 

En cambio, qué somos nosotros

sino un leve ladrido

que se pierde para siempre

bajo una rueda interminable 

 

Cuerpos, de repente,

pero de manchas que se borran.  

 

 

(SE DICE) RUPTURA

La fotografía es precisa:
dos personas,
dos fantasmas,
todo un mundo desolado
reventando en sus pupilas.

 

 

PARA ASEGURARSE DE QUE (NADIE) TE ESCRIBE

 

Lo que mata es el ruido de las oficinas

clavado en las pestañas;

el oficio de escribir, de alimentar,

de hacer valer viejas promesas.

 

La poesía no es más que eso:

un reencuentro innecesario con las bestias

cuya transparencia es cuestionable.

Un andar de pasajero por la vida y las palabras

como si llorar

pudiera calmar el delirio de las sombras.

 

Lo que mata, finalmente,

es convertirse en otro cuerpo;

dormirse de cara al sol

con la intención de hacer la ausencia.

 

 

RUIDO Y CALMA DE LAS GRULLAS EN MIS OJOS  

 

El amor no es un cordón de sangre y semen olvidado,

la porción de ramas que te sobran

o el dolor de un nombre en las escamas de la noche;

cómo debiéramos hablarnos más seguido,

cuántas paredes reducidas a un nosotros.

Y estamos ahí, consumidos, de carne y piedras negras,

rodando de esquina a esquina , y de boca a boca,

con el ruido intenso de una herida abierta.  

 

CRUCIFIXIONES

 

No basta con rezar.

No basta con ir de soledad en soledad

arremangándose la carne, los ojos y los huesos,

dispuesto a ser la causa y el efecto

de los rostros y los labios que descienden al olvido.

 

Aquí no basta con morir,

con vaciar el cielo, la boca, toda el agua

que resbala por las sienes del pasado.

No basta con ir de sol en sol

buscando los nombres que te faltan

para completar tu secuencia quebrada

de muertes y pequeñas muertes.

 

Se trata de venir y de dejar,

de volver de este viaje sin viaje

en el que las víctimas de la nostalgia

se abrazan y besan y desnudan,

en un encuentro sin encuentro

que hace pedazo a tanta gente.

 

FASE CRÍTICA

Con el tiempo aprendí a contar sus pecas

sin la necesidad de mirarla,

imaginando que esas mismas pequitas,

casi imperceptibles,

eran pequeños alfileres clavados en su rostro

por cada “te quiero” sin respuesta.

 

 

ROBERTO SÁEZ OJEDA Nació en Valdivia (Chile) el 1 de octubre de 1992. Es Profesor de Lenguaje y Comunicación, titulado de la Universidad Austral de Chile. En la actualidad, se encuentra cursando el Magister en Literatura Hispanoamericana que ofrece la misma casa de estudios. Se ha dedicado desde muy pequeño a escribir poesía, siempre con la intención de  no dejarle demasiado espacio a la melancolía. Sus palabras son respuestas al vacío, se supone.

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