Alberto Avendaño

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 Rayuelas

                        Mis pasos en esta calle

                       Resuenan

                                       En otra calle

                       Donde

                                 Oigo mis pasos

                        Pasar en esta calle

                        Donde

                        Sólo es real la niebla.

                                        Octavio Paz.

Te busqué entre las calles acompasadas,

te vi aparecer sobre el Sena y desvanecerte

entre fox-troth y la boca que toco.

Busco tus ojos

                           bajo la rayuela de mi infancia.

 

Camino y te imagino leyendo misericordia sentada en mi cama.

Te encuentro como a Beatríz al final del río.

Susurro en las caracolas y beso la boca.

 

Besarte

               desnudos frente a la tour centre  du ville.

 

La nostalgia del inmigrante se borra cuando siento el pulso de tu lengua,

 hablo con el recuerdo de escucharte preguntar cosas tan tontas, como por qué los árboles se abrigan en verano.

Y cuando parpadeo

Huelo

          tu         

               boca

 

Despertar a tu lado: je cherche ton ombre parece que j’aime l’ombre de ta bouche, on va sur la tour parapluie du ciel, on tombe sur l’ombre de ta bouche. Ma amour, tu es la rue la plus loin en tout París: la rue centre du monde: la ville.

Y cuando te veo volar por las ciudades

(Montevideo, París, Buenos Aires),

Enciendo un Gaulois,

 veo la misericordia de Galdós

Junto a una copia de algún texto de Morelliana.

¿Qué es en el fondo esa historia de encontrar un reino milenario, un edén, un otro mundo?

Back to adam, le bon sauvage…

La tacita de café es blanca, el buen salvaje es marrón, Planck era un alemán formidable… Ese mundo existe en éste, pero como el agua existe en el oxígeno y el hidrogeno, o como en las páginas 78,457,3,271,688,75 y 456 del diccionario de la Academia Española está lo necesario para escribir cierto endecasílabo de Garcilaso… Pesadilla orwelliana o huxleyana… Wishful thinking, quizá.

Y qué decirte de tus gustos literarios sobre la cama, poniendo tus muslos en loto. Mi padre había fallecido y yo huía de su recuerdo. Leías poemas de Tristan L’Hermit mientras reflejabas el clima parisino en tu boca. Inválidos.

Del hospital del condado de York informa que la duquesa viuda de Grafton, que se rompió una pierna el domingo último, pasó ayer un día bastante bueno.

The sunday times, Londres.

Correría sobre el atlántico con tal de alcanzar tu boca.

Vernos casi por casualidad en el lugar indicado,

Cerca Louvre o cerca del arco que da al Quai de Conti;

Atraparte entre la gente que para nosotros son flores muertas.

Te atrapo en el lugar donde llueven suicidas

Il mío supplizzio

è cuando

non mi credo

In armonia.

Ungaretti, i fiumi.

Moscas volando sobre las aguas

Y yo loco por no besarte, peut-ètre.

 

 

 

 

El burro o la variación infrarrealista

 

Dejenlo todo, nuevamente

láncense a los caminos.

Roberto Bolaño

 

A veces sueño que Roberto Bolaño

viene a buscarme, acompañado de Mario Santiago

y su moto negra.

Es una moto robada. Hoy no vamos hacia Texas,

no buscaremos sueños sobre esta bestia,

recorreremos la ciudad y hablaremos de poemas.

Y Mario Santiago quiere ser un poeta, no

quiere tener un cuerpo,

sólo una cabeza,

no desea tener ojos, o nariz, o boca,

pero si una lengua,

quisiera ser una cabeza envuelta en piel

y Roberto no le pregunta nada.

La ciudad dormita y ahora nos alejamos,

recorremos las carreteras hasta el peyote y el polvo.

Roberto y yo nos desvestimos,

nuestros jeans y camisas de espinas,

mientras Mario Santiago nos dicta este poema.

 

 

Y a veces sueño que mi sueño es un sueño de víbora,

de piedra, o de la boca que Mario Santiago Poeta no posee.

Bajo la noche la moto tirita,

y Roberto se ríe de que él y yo no somos poetas

somos calaveras,

se ríe de que la moto robada

es un burro tiritante,

con su I-A,

un burro poeta.

 

 

Y a veces sueño que Roberto Bolaño

viene a buscarme, acompañado de Mario Santiago Poeta

y de su moto-burro-negra.

Roberto y yo conversamos

mientras Mario acelera nuestra burro-moto robada,

y entonces, recordamos que antes de soñarnos

no nos conocíamos, reímos, cantamos,

Mario Santiago enciende un cigarro,

en este sueño brindamos

y el burro nos saca la lengua.

 

 

A veces sueño que Roberto Bolaño

viene a buscarme, acompañado de Mario Santiago,

nos sentamos, hablamos de carreteras, de sueños,

de burros y de los poetas.

 

 

 

Tu playa

 

Pero habrá nuevos vientos. Nos detendremos

mirando como el pelícano caza al pez

mientras el sol se pierde bajo las aguas.

Y tu nombre en mis labios

confirmará que la tierra es plana.

Y mi nombre en tu espalda, y mi nombre en la arena,

en las olas, en el sol ocultándose en el último precipicio

abrirá la ventana por donde entrarán los moluscos pidiendo refugio.

Día. No te pido canciones de cuna para mis noches.

Pero vendrán nuevas conversaciones. Y regresaremos

a soñar con las marejadas rojas devorando los barcos,

la ciudad es la misma aún si no estamos. Pero vendrán otros años. Luna.

Pero no habrá nuevos retratos. Callará tu playa, la piedra que pisas.

 

Alberto Avendaño, 1990, Zacatecas,Zacatecas. Poeta y narrador. Ha publicado para diferentes revistas literarias locales y nacionales (La charola literaria, la testadura, la hipérbole, la soldadera, la mal mantenida, el gallo de oro, Mis x, entre otras).  

 

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